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sábado, 23 de febrero de 2013

1612. 2016 arantzazu lima


Los artífices vascos en el Perú Virreinal*
(Basques in Viceroyal Peru)
Harth-Terré, Emilio

El arquitecto de Lima, Harth-Terré, se fija en la participación de capataces, arquitectos, carpinteros, canteros, albañiles, escultores, pintores y doradores vascos en la edificación de no pocas iglesias en Perú, y más en particular en la construcción de la catedral de Lima. Ofrece una lista con sus nombres, los lugares en que trabajaron y fechas de los siglos XVI, XVII y XVIII.
Langile-buru, arkitekto, zurgin, hargin, igeltsero, eskultore, pintore eta urreztatzaile euskaldunek Peruko eliza askoren eraikuntzan izan zuten partaidetzari erreparatu dio Harth-Terré Limako arkitektoak, bereziki Limako katedralean esku hartu zutenei. Horien
izenak eskaintzen ditu zerrenda batean, XVI, XVII eta XVIII. mendeetan non eta noiz lan egin zuten zehaztuz.
L’architecte Harth-Terré, de Lima, souligne le rôle qu’ont joué les maîtres d’oeuvres, architectes, charpentiers, tailleurs de pierres, maçons, sculpteurs, peintres, doreurs basques dans l’édification de nombreuses églises au Pérou, en particulier dans l’édification de la cathédrale de Lima. Il donne une liste de ceux-ci, avec leurs noms, les villes où ils ont travaillé et les dates et ce, pour les XVI e, XVII e et XVIII e siècles.



* Archives Manuel de Ynchausti. Ustaritz

VIIème Congrès d’Etudes Basques = Eusko Ikaskuntzaren VII. Kongresua = VII Congreso de Estudios Vascos (7. 1948. Biarritz). – Donostia : Eusko
Ikaskuntza, 2003. – P. 451-454. – ISBN: 84-8419-931-2.

Es mi deseo ahondar las investigaciones paleográficas para precisar bien la oriundez de los artífices españoles que vinieron a América y en especial a Nueva Castilla, descubriendo de qué provincia partieron para alcanzar estas tierras americanas, tanto porque el carácter español, tan unitario y universal en lo que se refiere a la idea cuanto particular y singular en su modo y costumbres en lo que distingue a cada una de las regiones de la península. Añadiendo que cada uno trajo imperante estilo y técnicas de construcción que nos permitan un más claro y mejor análisis en nuestra Historia del Arte.

Si fueron castellanos o leoneses, andaluces o gallegos, catalanes o vascos, cada cual puso un sello propio en su obra allí donde se juntaran, o aisladamente en medio de las comunidades que se formaban en las nuevas poblaciones de Indias, que por lo común, cada región de los nuevos mundos atraía y juntaba a los inmigrantes muchas veces en razón de la afinidad de su clima, o por la ciega simpatía inspirada por el nombre que el nuevo reino o capitanía mereciera al fundársele; o simplemente por aquella sugestión que el pariente ilusionado o audaz, el amigo atrevido y ambicioso o el aventurado compañero de oficio, hiciera en sus misivas o confiara al viajero de retorno al seno lugareño.

Las historias de los grandes hombres de letras y de armas que pasaron a América por orden del Rey y con autoridad de su Corte, son bastante conocidas y repetidas, y para mérito de España, la de muchos de ellos, por cierto. Pero, hay igualmente una cohorte de gentes, que, anónimas en la Historia, vinieron aquí para solar los descubrimientos, la conquista y la nueva cultura. Son estos, hombres de pueblo, trabajadores de oficio manual, que con sus trabajos coadyuvaron grandemente a la obra. Sin ellos, mal hubiera podido realizarse la gran tarea de las ciudades y de la arquitectura. Y ellos fueron también los que —previas informaciones de limpieza de sangre, es decir, sujetos de buena religión y virtudes familiares para poder pasar a América— la mestizaron benditamente con la del indio americano, materializando así la igualdad cristiana predicada por algunos de sus vicarios; que no fue esto en mera satisfacción de corporal necesidad.

Nos proponemos en este brevísimo ensayo, recordar a los habitantes de una ubérrima región de la península: me refiero a los vascos. Muchos historiadores han investigado ya el caudal de sangre y energía eúskara que pasó a América.

Por mi parte creo igualmente indispensable señalar, aprovechando el fruto de mis investigaciones sobre artífices y artesanos de la época del Virreinato, quiénes fueron de esta nación y quiénes sus descendientes, que trabajaron la arquitectura en el Perú.

Tarea que reclama tiempo, paciencia y acuciosidad; labor que no se puede sino esbozar en este trabajo. Para rematarla debidamente será indispensable continuar con la prolija búsqueda de documentos de esa época, labor que está en marcha pero aún lejos de ser coronada de éxito. Y viértese este mi trabajo hacia los artesanos, hacia aquellos anónimos individuos que labraron de sus manos iglesias y edificios o las amaestraron con sus conocimientos y experiencias. Pongo en el revivir de su recuerdo, especial cariño; el que proviene de la amorosa comprensión de su minucia e insignificancia personal que no de la transcendencia de su obra, que lo es tanta —si usando de alegoría relacionada con su obra—, como son aquellas piedras berroqueñas del cimiento, que sin su firmeza y robustez, oculta en las entrañas de la tierra, no podrían lucirse airosos los pináculos y las cresterías del monumento.

En la primitiva iglesia de San Francisco de Lima, los vascos tuvieron cofradía advocada a la Purísima Concepción. El sentimiento regional se acentuaba alrededor del culto a una imagen devota. Por un pleito que la cofradía de San Antonio de Padua lleva contra su vecina en esa iglesia, que por razón de algunas obras que hubo de ejecutarse en ella en 1639 por el Maestro alarife Juan de Jaramillo, por las que los de San Antonio se llamaron a perjuicio, sabemos que la de Nuestra Sra. de la Purísima, era “capilla de los cofrades de la Nación Bascongada”, y en la que, igualmente, funcionaba la hermandad de Nuestra Sra. de Aranzazu.

La presencia de los maestros y artesanos vascos es indiscutida aunque no tengamos acopio de nombres y cantidad de documentos en la proporción que estuvieron realmente. Algunos, orgullosamente, posponían a su apellido el gentilicio, tal como lo hacía el platero Pedro Ortiz “Viscaino”, que era orfebre de monta por los años de 1658 al 1664. Pero aunque algunos declaran en documentos notariales o testamentos dónde son oriundos, a otros los denuncia el apellido aunque no siempre esto indicara su origen vasco, como lo veremos más adelante con Julián de Yrazabal. Otros no han nacido en las provincias vascongadas pues han visto la primera luz en ciudades de estos reinos; son hijos o nietos que hacen perduran el apellido vasco —y en parte, sin duda, los caracteres de la raza.

Estos descendientes no siempre son blancos, es decir, europeos puros; lo hemos dicho al principio: mezclaron los españoles su sangre con las indias y muchas veces también con las esclavas negras emancipadas o con las mulatas. Y es así como Juan de Iramain y su hermano Miguel, ambos maestros de albañilería, se declaran mulatos, en 1794; Juan de Erriguirre es negro y alguno que otro, cuarterón o mestizo.

Pero junto con estos mestizos, que son hoy mayoría y raza del Perú, actúan los de sangre europea. Son éstos maestros que traen desde España los conocimientos de su ciencia y de su experiencia ministril. Los otros son discípulos, aprendices y oficiales, que continuarán con las tradiciones. Juan Miguel de Veramendi ha venido desde Chuquisaca, a pedido del Cabildo Eclesiástico del Cuzco, para que construya la Catedral; y la principia en 1559 al lado de una más modesta, primigenia, de muros de piedra y barro y tejares de mangles, en donde en 1545, otro vizcaino, Juan Iñigo de Loyola (homónimo del heroico soldado que años después fundara la compañía de Jesús) pintara unos lienzos para adorno del altar mayor.

En el siglo XVII es famoso Diego de Aguirre que aporta innovaciones en la escultura de los retablos y que introduce en su arquitectura, por primera vez, la columna torsa. El H. Coadjutor Martín de Aispitarte de la Compañía de Jesús, es arquitecto notable, e interviene con sus consejos en la cobertura de bóveda de la nueva catedral de Lima; de aquella que iniciara el arquitecto extremeño Francisco Becerra y continuará desde los primeros años del siglo XVII Juan Martínez de Arrona. Buen maestro de carpintería es Juan de Balanzategui, español, nacido en Moyobamba y venido a Lima por 1640; buen pintor es el maestro Domingo Muñoz de Arangurto; buen dorador es Diego de Chavarría y buen escultor también Juan de Urrutia, a quien se le encomendó la obra de unas andas para Nuestra Sra. de las Victorias en la iglesia de San Agustín y cuya obra hubo de abandonar en 1675 pues fue llamado “a la defensa de Panamá”.

Juan de Egoaguirre es alarife de importancia y por lo mismo, autor de buenas obras en Lima desde 1667 hasta 1721, año en que le sobreviene la muerte siendo cura párroco de Santa Ana, en cuya iglesia favorece la formación de una nueva cofradía de maestros de albañilería y carpintería bajo la advocación de la Santa. Juan Iñigo de Erasso dirige la obra de los Portales de la Plaza Mayor de esta ciudad, después del daño que sufrieran con el terremoto de 1687, y es, en los primeros años del siglo XVIII, Maestro Mayor de las obras de la Catedral de Lima. Francisco de Ibarra construye la Iglesia Mayor del Callao e inicia las obras de la nueva casa de la Moneda que reconstruirán más tarde Salvador Villa y Cristóbal de Vargas.

En el siglo XVIII aparecen otros vascos más. Miguel Arregui que es al autor de la Iglesia de la Sagrada Familia, colateral de la Catedral del Cuzco. Fr. Mariano de Garaycoechea, como arquitecto de la iglesia parroquial de Cayma, en 1739, en la que se imprimen los caracteres típicos de la arquitectura arequipeña; Gaspar Urrunaga que maestró la obra de la Iglesia y colegio de la Compañía de Jesús en Ica por los años de 1762 a 1767; el maestro de carpintería Joseph de Garragorri construye la capilla de Nuestra Sra. de la O en el Templo de San Pedro, que ocupaba entonces la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, entre 1798 y 1800. A Antonio de Ogartevidea, alarife, le toca tasar la casa que fuera propiedad de doña Micaelita Villegas, “La Perricholi”. Hay entalladores y escultores capaces como Francisco de Equizabar y Juan José de Sarauz; Juan Joseph de Irazabal quien en 1735 trabaja en compañía de Joseph de Castilla el altar mayor de la Congregación de los Mínimos de San Francisco de Paula. Julián de Irazabal es su discípulo; a la hora de su pensamiento, será su albacea y por este motivo Julian de Ventocilla de los Santos Villareal, que es su verdadero nombre, adoptará desde entonces el nombre de su maestro y signará sus conciertos como Julián de Irazabal; o fundidores de campanas como José Urdanegui que funde una para la torre de San Francisco de Lima en 1707 o Matías Unzuluarte, la que mandó hacer el Padre Buenaventura Gavilán de la Orden de Franciscanos, para el templo del Cuzco en el año 1808.

Hacia fines del siglo trabaja en Lima un alarife vasco Agustín de Garria; del 1797 al 1802 dirige las obras de la Catedral de Lima en calidad de sobrestante, mientras que Matías Maestro, también vizcaino, natural de Alava, es el arquitecto de los trabajos que se ejecutan en su interior y el remate de sus mutiladas torres. Matías Maestro ha sido novicio de la Orden Jesuita; ha venido a Lima, secretamente, después de su expulsión de México; y aquí ha merecido la protección del Arzobispo de la Reguera. Autor de un tratado (hasta hoy desconocido) que tituló  Orden Sacro, fue quien propendió con más entusiasmo a la propagación del neoclasicismo imperante y bajo su dirección fueron renovados muchos vetustos retablos barrocos en el nuevo estilo. Quedan muchos de los que ejecutó, entre ellos el mayor de la Iglesia de San Francisco, de las Trinitarias, de la Soledad y en el de Nuestra Sra. de la O en la Iglesia de San Pedro, influyendo su estilo en el de Nuestra Sra. de la Merced y varios más. Fue patriota peruano y en el “Expediente de Purificación de Curas Patriotas”, en 1821, firmó por la Independencia “deseando entrar en los goces del americanismo” y “prometió a Dios y a la Patria, sostener y defender su opinión, persona y propiedad de la Independencia del Perú”...

Están señalados así, a grandes rasgos, algunos de estos artífices de los cuales hay en mi archivo abundante referencia de su obra que no cabe desarrollar en este trabajo; de otros sólo tenemos una abreve referencia de su nombre, estado y oficio en el testimonio de un expediente de soltería seguido ante el Cabildo eclesiástico o en algún otro menudo documento entre los miles que aún quedan por revisar y que se guardan en los Archivos Nacionales y Eclesiásticos. Una relación de ellos —de los hasta hoy encontrados— dará una idea de la presencia de los vascos en nuestro país y de parte de su obra en la Arquitectura.

He aquí la relación:

En el siglo XVI
Juan García de Arregui. Maestro de Cantería, en Lima, 1577.
Pedro de Garnica. Mº de Carpintería, en Lima, 1583.
Juan Iñigo de Loyola. Pintor, en el Cuzco, 1545.
Juan Miguel de Veramendi.  Mº de Arquitectura, en Cuzco, 1559.
Domingo de Vitoria. Mº de Albañilería, en Lima, 1575.
Juan Bautista Zumárraga. Mº Cantero, en Lima, 1591.

En el siglo XVII
Diego Aguirre. Entallador, en Lima, 1667-1718.
H, Martín de Aispitarte, S.J. Arquitecto, en Lima, 1614.
Blas de Albarrai. Mº de Albañilería, en Lima, 1672.
Juan de Aramburu. Mº Carpintero, en Lima, 1698.
Juan de Arismendi. Mº Carpintero, en Lima, 1665.
Tomás de Arteaga. Mº Carpintero, en Lima, 1664-1667.
Martín de Arriola. Alarife, en Lima 1637.
Joseph de Arrveta. Mº Carpintero, en Lima, 1657.
Juan de Arrutia y Madriaga. Mº Carpintero, en Lima, 1700.
Juan de Balanzategui. Mº Carpintero, en Lima, 1656.
Diego de Chavarría. Dorador, en Lima, 1634.
Juan de Estara. Mº Albañil, en Lima, 1634.
Jerónimo de Echebarría. Mº Albañil, en Lima, 1670-1677.
Juan de Egoaguirre. Alarife, en Lima, 1667-1721.
Juan de Emagaray, Ensamblador, en Lima, 1693.
Juan Iñigo de Erasso. Alarife y Maestro Mayor, en Lima, 1690-1715.
Luis de Escarzola. Mº Albañil. en Lima, 1659.
Miguel de Garay. Mº Albañil y de Cantería, en Lima, 1643.
Juan García de Garnica. Mº Carpintero, en Lima, 1643.
Martín Gonzales de Arazamendi. Alarife, en Lima, 1629.
Esteban de Ibarra. Mº Albañil, en Lima, 1661.
Francisco de Ibarra. En Lima y Callao, en 1623-1679.
Leandro de Ibarra. Mº Carpintero de lo blanco, en Lima, 1645.
Eusebio de Iramain. Mº Carpintero, en Lima, 1691.
Pedro de Izasaga. Ensamblador, en Lima, 1691.
Domingo Muñoz de Arangurto. Pintor, en Lima, 1649.
Carlos de Estarripa. Fundidor de Campanas, en Lima, 1700.
Ventura de Tiburu. Mº Carpintero, en Lima, 1641.
Joseph de Urrola. Mº Carpintero, en Lima, 1675.
Juan de Urrutia. Mº Carpintero. en Lima, 1675.

En el siglo XVIII
Manuel de Aguirre. Mº. Carpintero, en Lima, 1785.
Manuel Alzugarai. Mº Carpintero, en Lima, 1795.
Joseph de Aramburu. Mº Carpintero, en Lima, 1735.
Joseph de Aramendia. Mº Carpintero, en Lima, 1740.
Ramón de Arrechaga. Medidor de tierras, en Cuzco, 1768.
Manuel de Arregui. Alarife y Maestro Mayor, en Cuzco, 1723-35.
Manuel Joseph de Asturyca. Fundidor de Campanas, en Lima, 1743.
Miguel Domingo Bidaurre. Mº Carpintero, en Lima, 1743.
Pedro de Echeverría y Garay. Alarife, en Arequipa, 1770.
Juan de Echeverría. Dorador, en Lima, 1740.
Joseph Eizaguirre. Entallador, en Lima, 1800.
Francisco de Equizabar. Ensamblador, en Lima, 1747.
Juan de Eriguire. Mº Albañil, en Lima, 1756.
Juan de Esquerre. Mº Carpintero, en Lima, 1701.
Fr. Mariano de Garycoechea. Alarife y Mº Mayor, en Cayma, 1739.
Joseph de Garragorri. Mº Carpintero, en Lima, 1795.
Agustín de Garria. Alarife, en Lima, 1797-1802.
Julian de Ibarola. Mº Platero, en Lima, 1705.
Juan de Iramain. Mº Carpintero, en Lima, 1800.
Miguel de Iramain. Mº Carpintero, en Lima, 1794.
Juan Joseph de Irazabal. Mº Ensamblador, en Lima, 1736.
Esteban de Izasaga. Mº Carpintero, en Lima, 1800.
Pedro de Izasiga. Mº Carpintero, en Lima, 1714.
Matías Munarriz. Mº de Albañilería, en Huamanga, 1768.
Antonio Ogartevidea. Alarife, en Lima, 1810-19.
Bernardo de Salabarría. Mº Albañil, en Lima, 1732.
Juan Joseph de Sarauz. Mº Escultor, en Lima, 1703.
Francisco de Urría. Mº Carpintero, en Lima, 1745.
Matías Unzuluarte. Fundidor de Campanas, en Cuzco, 1805-08.
Joseph Urdanegui. Fundidor de Campanas, en Lima, 1707.
Gaspar de Urrunaga. Mº de Albañilería, en Ica, 1762-67.
Teodoro de Urrutia. Mº Carpintero, en Lima, 1736.
Miguel de Uzurriaga. Carpintero, en Lima, 1747.

Lima, agosto 1948